Psicología
Destino: ¿emoción o lógica?
10 Junio 2016
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¿Creamos nuestro propio destino?, ¿Podemos influenciar en nuestro propio devenir o es todo una conjunción de coincidencias?

Existen multitud de preguntas al respecto obviando las puramente espirituales. Respetando cada punto de vista y creencia se podría considerar que nuestro incierto futuro o destino es fruto del azar; “un golpe de buena o mala suerte” como dirían algunos. Ahora bien, nuestras acciones (causadas por emociones o por intenciones conscientes y meditadas) está claro que encaminan nuestros pasos hacia direcciones concretas. Desde que somos unos críos soñamos con poder llegar a algún puto o meta en la vida, esas metas van cambiado a medida que nuestra edad avanza y que quizás somos mas conscientes de la realidad que nos rodea, empuja o, en caso extremo, limita.

Este artículo no trata sobre el destino en si, sino sobre como los pensamientos, autoestima y las barreras emocionales que se nos presentan o, que nosotros mismos nos inculcamos la mayor parte de las veces, pueden limitar o encaminar de una forma negativa nuestros pasos en la vida. En mi propia experiencia durante bastantes años he tenido ganas de luchar por mis sueños pero, muchas otras veces he sentido que no iba a obtener nada mas allá del fracaso, es más, aún a día de hoy sigo luchando contra cierta anticipación catastrófica. Somos humanos es muy complejo y bastante extraño mantener una actitud ante la vida tan lineal e inmutable como un robot. Hay que asumirlo.

En los momentos en los que mi autoestima ha estado por los suelos, he podido comprobar como esas anticipaciones de fracaso iban pasando a convertirse en realidad, cuando aquello me sucedía pensaba que un extraño poder o, que incluso mi destino, estaba atado a un descalabro inevitable.  Sin duda todo lo que causaba esa serie de episodios, en los cuales los fallos y reveses se volvían mas frecuentes de lo normal, era causado por mi propio estado emocional, la anticipación y la falta de animo que ello genera. Los seres humanos al igual que muchos animales podemos comunicarnos con un lenguaje no verbal, este lenguaje no verbal consiste en gestos, entonaciones, actuaciones… etc. Gran parte de esta comunicación pasa desapercibida para nosotros mismos aunque seamos los emisores de dichos mensajes no verbales. Los receptores de los mensajes no verbales captan esa información de varias formas, los gestos o posturas evidentes se interpretan con claridad y son asimilados por los receptores permitiendo comprender un estado de ánimo o mensaje. En otros casos, los pequeños gestos de abatimiento u otro tipo de emoción son tan leves que a primera vista pasan desapercibidos para la mente racional y consciente del receptor, pero… aun así los mensajes son captados e interpretados por la mente subconsciente o por, llamémosle, ese instinto animal que llevamos dentro haciendo que el que percibe esa “sensación” o comunicación no verbal sea influenciado de alguna forma por su subconsciente al haber captado esos pequeños detalles. Seguramente alguna vez habréis tenido la sensación tras conocer a una persona por primera vez de “no me da buena espina” o por el contrario “parece buena persona”, también ocurre incluso con relaciones más amplias o duraderas dependiendo de las fluctuaciones de la personalidad y estados de ánimo.

A parte de esa comunicación no verbal también existen una serie de actuaciones en las que nuestro estado de animo sin duda es determinante y que nos lleva, muchas veces cegados por la mente emocional, hacia “destinos” concretos y no deseados en gran parte.

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