Psicología
Pensamiento racional: adaptación a los cambios de entorno o lugar bajo presión
9 Junio 2016
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Una de las terapias constructivas consiste en el refuerzo del pensamiento racional sobre las emociones, mediante el pensamiento racional se asimila y sobre todo aceptan estados emocionales que han sufrido alguna alteración temporal y, que muchas veces, ofuscan u ocultan la realidad empírica y racional que los causa llevándonos a actuar de forma primaria, instintiva o, lo que muchos llaman, impulsiva.

Como el título indica, esta será una serie de escritos para auto-ayudarse / auto-ayudarme a comprender dichas situaciones y potenciar el pensamiento racional ante situaciones de alta carga emocional. Puede parecer una tontería, pero escribir (sobre todo a mano, con bolígrafo y papel) hace que nuestra mente asimile mejor ciertos conocimientos, pensamientos, ideas y situaciones.

Si esto te sirve de algo me alegro, puedes practicarlo siempre y cuando necesites aclarar un poco tu mente y analizar el contexto que te rodea o afecta de la forma mas real e imparcial posible; con sus pros y contras.

Cambios de domicilio o localización bajo presión o con escaso tiempo

La realidad del momento es que después de haberme adaptado a las rutas de ida y vuelta al trabajo, a las rutinas, lugares de la casa, vecindario y entorno… desde cierta localización, se que tengo un plazo, no excesivamente amplio, para buscar una nueva vivienda a un precio adecuado y en un lugar que sea propicio. Comienza la búsqueda.

Debido a los horarios de trabajo, horarios de oficina pero con una cierta flexibilidad no dispongo del tiempo que quisiera emplear para poder visitar inmuebles en alquiler en las horas a las que muchas inmobiliarias enseñan dichos apartamentos.

Las sensaciones a la hora de realizar la búsqueda en mi caso han sido un tanto contradictorias, después de muchas llamadas, de investigar las zonas apropiadas y, a sabiendas que varios departamentos de la empresa en la que trabajo van a cambiar de localización a otro punto de la ciudad en un corto plazo, me he sentido ciertamente agobiado. Agobiado en los momentos en los que muchas llamadas no eran contestadas, agobiado cuando pedían unas fianzas de mas de 2 meses llegando incluso a los 4 meses por adelantado. Desesperado cuando veía que los apartamentos bonitos y en zonas tranquilas, con varios extras como piscina y garaje eran casi imposibles de conseguir ya que, en la mayor parte de los casos, había listas de espera para poder ir a verlos con la consiguiente probabilidad de que si inviertes tiempo en ir, cruzas la ciudad, no tienes muchas papeletas por mas que te guste de poder alquilarlo si una persona que lo ha visitarlo antes que tu se decide. El orden en las cosas es adecuado aunque, a veces, es frustrante.

Las emociones que he sentido en esos casos han sido mayormente de estrés, de anticipar demasiado y de agobio. Soy consciente que cuando esas emociones se presentan en mi suelo ser un poco impulsivo en cuanto a tomar decisiones rápido o a la ligera con tal de poder “escapar” de sensaciones tan poco agradables. La aceptación y la calma son la clave para mantener un orden en las cosas, en los pensamientos y en las acciones que realizamos. Aún así, es complejo ser consciente al 100% de que una emoción eclipsa durante un plazo de tiempo un alto porcentaje de los necesarios pensamientos racionales que conllevan a acciones consecuentes y responsables.

El cambio está hecho, la zona no esta mal, el apartamento es tranquilo, pero aún así existe en mi el conocimiento de que habiendo tenido más tiempo podría haber conseguido algo mejor y quizás a mejor precio. La cuestión ahora no es pensar mas allá de la realidad actual, pero el desplazamiento y la adaptación al apartamento ha sido en las dos primeras semanas un poco dura. Se que para una persona quizás “normal” esto no le hubiese causado mayor problema, pero en mi caso reconozco que los cambios me afectan más de lo que pensaba.

Básicamente el problema surge cuando los niveles de estrés suben, ya sea por factores externos o incluso por la tendencia a pensar a largo plazo y anticipar situaciones e incluso sensaciones. La anticipación es algo típico cuando sufrimos ansiedad o cuando nuestra mente esta acostumbrada a trabajar de esa forma. Digo acostumbrada porque, aunque no soy un negacionista de la realidad, sigo creyendo que la mente y su forma de reaccionar y procesar la información puede ser moldeada con entrenamiento al igual que los músculos de nuestro cuerpo. Hay estudios científicos al respecto, pero también existen otros estudios que alegan a diferencias genéticas o otras causas no reprogramables. No hay nada al 100% seguro en como la mente funciona en un caso u otro, ni hay establecidos parámetros de adaptación o modelaje de nuestros pensamientos, todo sigue un poco en el aire en cuanto a las ciencias relacionadas con el tema. El cerebro es una máquina muy muy compleja de la que aún se desconocen muchos entresijos.

Ni blanco ni negro, tonos grises

Mantenerse en un nivel emocional medio o color gris no es una tarea sencilla, la teoría es la siguiente: Ante situaciones inesperadas las personas pueden reaccionar de varias formas, una de ellas es intentando mantener la calma y por lo tanto situarse en una zona gris, los extremos son el blanco y el negro. Si cuando algo sucede, ya sea bueno o malo, tus emociones llegan hasta un extremo u otro, el pensamiento consciente no te dejará actuar de una forma comedida debido al estado emocional del momento. Intentar mantenerse en la escala de grises es por tanto necesario, pero ello conlleva conectar nuestra parte emocional con nuestra parte consciente y no es tarea fácil. La inteligencia emocional se basa en esta idea, en poder interpretar nuestras emociones y ser conscientes de que son, y que las causa para así reconectar nuestras emociones con un pensamiento racional. Es un ejercicio complejo, una reconexión complicada, y conlleva un entrenamiento o proceso de aprendizaje. Existen multitud de libros, vídeos, documentación pero también existen situaciones extremas y somos humanos. La clave está en no llevar una situación no extrema (no vivimos en la era de piedra) al punto extremo valga la redundancia.

En mi caso soy consciente de muchas cosas pero, no puedo decir que controlo ni mucho menos mi mente emocional, hoy mismo he actuado de forma incorrecta debido a una situación a la que he dado demasiada importancia cegado por mis emociones. Las lecciones aparecen día a día, pero ver las cosas a su debido tiempo y aparcar o atenuar las emociones es una tarea muy compleja que requiere como he dicho antes un proceso de aprendizaje.

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